Cable elástico hecho con metal líquido

Aunque la comunicación inalámbrica continúa avanzando a pasos gigantescos, debemos ser realistas al decir que el dominio de los cables está lejos de caer, y en muchas circunstancias, terminan siendo una solución preferible. Al mismo tiempo, no son perfectos, y cuando más se los intenta llevar al límite, más se comprometen sus propiedades mecánicas. En otras palabras, un mínimo tirón puede dejarte con un trozo de cable en cada mano, a menos que se trate del nuevo cable desarrollado en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, que se puede estirar hasta ocho veces su longitud original, sin romperlo o afectar su funcionamiento.



En lo personal siempre trato de armar mis propios cables. Muchos cables de red, algunos prolongadores para herramientas eléctricas (aunque ya conozco la magia de las herramientas inalámbricas) y el ocasional cable de audio forman parte del repertorio, a menos que se trate de una conexión relativamente sencilla, y existan buenos cables en oferta. Claro que, la constante demanda de electrónica de consumo combinada con los dudosos métodos de fabricación establecidos en Oriente hace que ante la primera prueba de rigor, la integridad estructural del “cable de turno” falle miserablemente. ¿Cuántos auriculares hemos arrojado a la basura? ¿Cuántos cargadores de móviles y ordenadores portátiles nos abandonaron a mitad de camino, derrotados a manos del famoso “falso contacto”?


Todos esos problemas podrían quedar atrás si el nuevo cable desarrollado por investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte llega al mercado. El truco está en que el cable es en realidad un tubo elástico “relleno” con un material conductivo especial: Metal líquido, basado en una aleación de galio e indio que se asemeja al Galinstano (cabe mencionar que el Galinstano convencional también posee estaño). La conductividad de la aleación líquida es lo suficientemente alta como para no ser interrumpida cuando el usuario estira el cable. De hecho, el cable puede estirarse hasta ocho veces su longitud original.

El desafío más importante que enfrentan los desarrolladores es cómo minimizar la fuga del metal líquido en caso de que el cable sea cortado o perforado de alguna manera. Se supone que ni el galio ni el indio son tóxicos para los seres humanos (en cantidades razonables, al menos), pero la idea de que un cable “sangre” metal líquido no parece ser demasiado viable en una solución comercial. Otro detalle que no se ha mencionado es el del costo de fabricación, pero imaginamos que un auricular hecho con esta tecnología será mucho más caro de lo usual. Aún así, el concepto definitivamente funciona, por lo que estaremos esperando más novedades.

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